La Eterna Travesía

Autor:
Marco Jiménez Hiriart

Guerrero Negro en Baja California Sur

En el Pacífico Mexicano, una ballena jorobada nada en aguas poco profundas. Asoma el espiráculo y exhala el aire caliente de sus pulmones, convirtiendo la explosión en un potente chorro de vapor que de inmediato se condensa; mueve con parsimonia las largas aletas pectorales: distintiva característica de estos misticetos también conocidos como yubartas, mamíferos marinos de la orden de los cetáceos. Esta ballena es una hembra en plenitud sexual que de pronto escucha un sonido llamándola: es un macho yubarta emite ese ritmo monótono en pos de la hembra. Se efectúa una sinfonía marítima, un mutante sonoro al que se incorporan múltiples sonidos ejecutados en distintas frecuencias. Las aguas viajan emitiendo un suave fondo, chocan contra plantas y organismos que responden quedo, se levantan burbujas. El macho yubarta lleva a cabo su serenata con la esperanza de que la hembra atienda a su llamado.

Guerrero Negro y la Laguna Ojo de LiebreEstos seres viven en el mar y mantienen una relación estrecha con la superficie. Los indicios del proceso evolutivo de las ballenas, parecen develar que su ascendencia lejana vivió en tierra firme. Respiran como nosotros y sin embargo son capaces de sumergirse por largo tiempo sin salir a flote. Las profundidades del océano, el otro escenario de su vida cotidiana, es de difícil acceso para la curiosidad humana y deja mucha parte de su existencia escondida en la privacidad azul. Apenas sabemos lo que otros humanos han observado a través de los años, información incierta y a veces contradictoria que más que revelar deja mucho en el misterio.

Guerrero Negro y la Laguna Ojo de LiebreTranscurren las horas y el macho no cesa su empeño de conquista, espera una señal de aprobación para acercarse y establecer contacto físico. A ella le atrae aquel sonido cada vez más hasta atraparla. Entonces gira el cuerpo, dejándose envolver por el eco persuasivo. Cede al impulso y la pareja de megápteros se funde en el ritual de subsistencia. La mayoría de las veces el cortejo es una competencia ardua, en la que varios machos se disputan la atención de la hembra. La riña consiste en saltos, la yubarta se eleva por encima del agua exhibiendo gran parte de su volumen. Cuando ejecutan sus acrobacias, las jorobadas manifiestan su poderío físico, su habilidad y cierta supremacía genética. La hembra tarda en decidir cuál de los machos es digno de preñarla, necesita asegurase de que su futura cría será capaz de sobrevivir en mar abierto.

Guerrero Negro y la Laguna Ojo de LiebreOtras veces, los machos permanecen merodeando a la hembra en cuestión, para impedir que otro se acerque; aunque pueden permitir que un segundo acompañante se quede a poca distancia. Así se forman grupos sociales de dos o tres miembros. Las jorobadas interactúan a través de misteriosos sistemas comunicativos, como las acrobacias o sonoros golpes de aleta contra la superficie. Pero quizás la forma de comunicación que más intriga a los humanos consiste en sus largas vocalizaciones: cantos que gravitan en la mar y que quizás dieron origen a las leyendas de las sirenas, historias de voces que enamoraban a los marineros de épocas antiguas.

Guerrero Negro y la Laguna Ojo de LiebreEl hábitat de las jorobadas se extiende a lo ancho del océano. Viven en poblaciones más o menos estables y suelen dividir su estadía en ciertas zonas dependiendo de la estación. Durante el invierno viven en aguas cálidas y entrada la primavera emigran. Las yubartas que viven en el hemisferio norte viajan hacia aguas árticas, mientras las del sur se trasladan hacia la zona de la antártica. Año con año realizan el mismo viaje, una travesía eterna. En verano, cuando se alimentan durante el deshielo de las aguas gélidas, se les ha visto en grupos de hasta diez o más especimenes. Sus sociedades trabajan en equipo para obtener la comida, forman una red de burbujas en la que atrapan el alimento, luego avanzan desde abajo hasta la superficie: van con el hocico abierto, filtrando el agua que contiene el krill, el plancton y cardúmenes de peces pequeños que conforman su dieta diaria.

Avistamiento de ballenasLas jorobadas que habitan en el Pacífico Norte, parten de los mares cercanos al Estrecho de Bering y recorren el litoral con dirección a aguas que además de ser cálidas son menos salinas, más aptas para la reproducción, el nacimiento y la crianza de la generación venidera. La migración se da por partes, puesto que las ballenas preñadas o con ballenatos muy jóvenes suelen quedarse más tiempo en la zona de alimentación. Durante el trayecto los adultos se alimentan poco o nada, sobreviven con la gruesa capa de grasa que llevan bajo la piel. Las crías se sirven de la abundante leche materna para crecer e incluso son amamantados en el camino.

En el Pacífico Mexicano, una ballena nace en las mismas aguas que fue concebida once meses atrás. Una violenta convulsión le expulsa de la matriz mientras la oscuridad se quiebra por las líneas de luz que bajan filtrándose desde la superficie: un cielo lejano que danza con hipnótica cadencia. La placenta se convierte en azul infinito, atrás queda el paraíso fetal para dar paso a un océano inmenso. Ella mueve con torpeza la aleta caudal —esa misma que asomó para participar en su parto—, agita las extremidades y confundida busca el aire que corre encima del mar. Como no sabe nadar, su madre le ayuda a subir empujándola con sus aletas, un gesto suave que atenúa la angustia repentina que la cría siente de estar viva. Después de unos segundos, saca la trompa del agua y respira. A la media hora ya nada con soltura pero sin alejarse demasiado de la progenitora. Junto a ella habrá de comprender el mundo marino que le rodea.

La primavera se acerca y la comunidad de jorobadas que habita en el Pacífico Mexicano emprende el éxodo hacia lugares gélidos para alimentarse. La masa absoluta de agua salada se mueve frente a ellos, corrientes submarinas que son camino y vehículo. Por primera vez la joven yubarta comprende la grandeza del mar, mismo que recorren los cetáceos incansables durante semanas, con la eterna promesa del retorno. No hay pues despedidas, cada vez que abandonan las costas de Baja California, Baja California Sur, Nayarit y Jalisco, es con la esperanza de volver. Las ballenas son seres tan curiosos como nosotros, por eso es tan fácil verlas en las aguas litorales del Océano Pacífico. Cuando ven una embarcación no pueden resistir la atracción que sienten por los humanos, se agitan como si nos hablaran, como si soltaran pistas someras de una comunicación animal de suma complejidad. ¿Qué querrán decirnos las yubartas?