La Inigualable Experiencia de Tocar una Ballena

Autor:
Fernando García Castro

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Mi familia decidió tomar unas merecidas vacaciones en las impecables instalaciones de uno de tantos fantásticos hoteles en Los Cabos. Disfrutar de días de alberca, sol, buenos bronceados y hacer castillos de arena o actividades de playa entre todos; comer rico, hacer los clásicos paseos por la zona, y si nos iba bien, comprar algunos recuerdos.

Ballena saltandoMis papás hicieron reservación para algo que sonaba muy interesante: la famosa excursión del  avistamiento de ballenas, un clásico de invierno en las costas del Mar de Cortés. Emocionados nos subimos a la embarcación, nos pusieron los chalecos salvavidas mientras nos daban la explicación de lo que íbamos a ver. Yo iba muy ansioso, deseando ver a las grandes ballenas cerca de mí. Tenía miles de expectativas porque solamente las había visto en caricaturas hasta ese momento, y no tenía idea del tamaño real que pudieran tener.

Ballena saltando

De pronto, empezamos a ver chorros como géiseres saliendo del agua a muy poca distancia de nosotros. Mi mamá de un grito nos espabiló a todos al grito de "¡Ahí están!", "¡Ahí están ya!". Efectivamente, ahí estaba lo más emocionante que había yo visto hasta el momento.

 

La lancha desaceleró su marcha. Al hacer contacto, su naturaleza bonachona salió a la luz, y como si se dieran cuenta de que es un encuentro amistoso, empezaron a regalar graciosos juegos mostrando sus enormes colas totalmente fuera del agua. ¡Son, simplemente impresionantes!

Tocando a la ballenaLo que más recuerdo es a una de ellas asomarse de costado dejando ver su gran ojo justo frente a mí. Con un poco de miedo, pero con toda la confianza que nos dio el guía, el enorme animal ¡nos permitió darle unas palmadas cariñosas! Yo estaba impresionado de pensar que se trataba de un animal tan grande que con un coletazo nos podría haber mandado fuera de la lancha.

Definitivamente, es una experiencia que repetiría con gusto ahora con mis hijos. Los llevaré al mismo sitio en Los Cabos a ver de cerca a las ballenas, sólo por el gusto de verles la carita de agradable sorpresa, igual a la que seguramente yo puse en aquellos momentos que jamás olvidaré.

Escrito por Fernando García Castro